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¿Por qué cuando hace frío tienes más hambre?

Hambre | Spirosa

Probablemente hayas notado que las épocas de más frío se acompañan de un mayor apetito. Las ganas de comer aumentan a medida que los grados bajan. De hecho, hay estudios científicos que así lo demuestran por lo que no se trata solo de una percepción, sino que es real.  

¿Por qué aumentamos la ingesta de comida en los días fríos?

La bajada de grados en el exterior hace que el cuerpo descienda también su temperatura. Para contrarrestar este efecto, aparece una mayor apetencia por la toma de alimentos hipercalóricos. El consumo de estas calorías hace que la temperatura corporal se regule y que no haya una temperatura demasiado baja.  

De esta forma, los alimentos que tendemos a comer en invierno y en otoño son aquellos que aportan más calorías y las comidas dulces. Además, optamos por bebidas calientes y por comidas recién hechas, a poder ser calientes también, para que ayude a la regulación de la temperatura del organismo.  

Para que aumente la ingesta calórica, el cuerpo actúa indirectamente haciendo que haya un mayor apetito. Nos apetecerá más que las comidas sean más cuantiosas y, aunque antes no sabías para qué, ahora sabrás que es para aprovechar las calorías consumidas.  

Uno de los componentes que actúa en este sentido es la melatonina y la reacción que desencadena. El hecho de que en los días más fríos haya menos Sol hace que nuestro cuerpo no obtenga melatonina de forma externa y que tenga que producirla por sí solo. La producción de melatonina conlleva que exista una bajada de temperatura en el organismo, hecho que repercutirá en la necesidad de obtener más calorías. Esta obtención de calorías si se puede hacer de forma externa y lo conseguimos con el hecho de comer.  

La bajada de la temperatura del exterior junto con el menor número de grados en el cuerpo, hacen que se tenga más apetencia por comida, que aumente el apetito.  

Otros casos que aumentan el apetito  

Otra situación en la que aumentará el apetito será cuando tengamos un mayor gasto energético. Esto puede suceder por la práctica de ejercicio, por una mayor actividad en el ámbito laboral, puede estar relacionado con mayor dedicación al estudio y periodos de exámenes…  

En este caso, el cuerpo no busca aumentar su temperatura sino contrarrestar el gasto de energía que se hace en esas labores.  

Por otro lado, los días más fríos suelen corresponderse con aquellos en los que nos quedamos en casa. En verano o con días más apetecibles, es más común salir de casa y hacer diferentes actividades. Así, el hecho de quedarnos en casa hará que estemos más aburridos, con menos cosas por hacer. A muchos nos pasa que el aburrimiento nos lleva a estar comiendo continuamente por el hecho de tener algo que hacer y con lo que estar entretenidos. En este caso, no será el frío directamente el que nos haga tener más apetito, pero lo hace de una forma más o menos indirecta, ya que influye en nuestro día a día.  

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